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Where a Face Once Bloomed

Where a Face Once Bloomed

Impuestos incluidos.

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"Where a Face Once Bloomed" se abre con un busto de bronce desgastado hasta el suave verdín que solo décadas de aire y lluvia pueden dejar. Donde debería estar el rostro, no hay nada: un vacío perfectamente redondo, perfectamente liso, cerrado y negro, que engulle una gran parte del encuadre. Solo un estrecho borde luminoso sobrevive alrededor del cráneo, una última línea de luz que sostiene la forma de una cabeza que, por lo demás, ha sido borrada.

El retrato no está aplicado sobre la superficie. Sin pintura. Sin impresión. Sin tinta. Está grabado en vidrio espejo de color verde profundo, y ese verde no es casual: es el color al que el propio bronce ha sido desgastado, la pátina del tiempo hecha permanente en el material en lugar de meramente fotografiada. La semejanza existe solo porque se ha retirado material, un daño superficial controlado que actúa en lugar del pigmento.

Visto desde el otro extremo de una habitación, el busto se lee como un único gesto monumental, peso, sombra y un vacío que atrae la mirada hacia su centro. Acérquese y esa certeza se disuelve en un campo de finos arañazos, cada uno captando la luz de manera diferente, ninguno solo, todos juntos la razón por la que un rostro puede estar ausente y un retrato puede existir de todos modos.

El espejo nunca deja al espectador situarse fuera de la obra. Alrededor del busto, en el vidrio intacto entre los arañazos, la habitación y la persona que mira quedan plegadas en el reflejo, de modo que quien estudia este retrato arruinado queda, por un momento, también plegado en él, de pie where a face once bloomed.

La luz no crea esta imagen. La agudiza. Los arañazos conservan su forma con poca luz y con mucha luz, en una habitación silenciosa y en una luminosa; lo que cambia es solo el reflejo que se desplaza sobre la superficie, nunca el retrato en sí, nunca el vacío en su centro.

El vacío es tan protagonista como el busto, una identidad desgastada hasta que solo queda su contorno, fijada en un verde tan profundo que se lee casi como ausencia, con el propio rostro del espectador atraído hacia el espacio donde antes había otro rostro. Where a Face Once Bloomed continúa la serie Art on Mirror de Tijs Dragtsma, en la que imágenes grabadas se insertan en vidrio espejo de color y el espectador se convierte en parte de la obra. Un lenguaje visual donde el daño no es destrucción, sino estructura, y donde el espejo convierte el mirar en participar.

"Un rostro puede ser arrebatado. La forma que deja atrás, no."

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